Patricia Mayorga-
Por primera vez el Foro Romano abre sus puertas a un artista contemporáneo y latinoamericano. Desde el 29 de junio y hasta fines de noviembre, en efecto, las esculturas esféricas y de gran simbolismo del costarricense Jorge Jiménez Martínez (cuyo nombre artístico es Deredia, una contracción del nombre de su ciudad natal, Heredia) ocuparán los espacios donde hace dos mil años los senadores de la Urbe discutían de política y de negocios.

 Ocho enormes esculturas de mármol decorarán la Vía Sacra entre el Arco de Tito y la Curia del Senado en el Foro. Contemporáneamente, con el mismo tema “La Génesis y el Símbolo”, las esculturas de Deredia ocuparán otros lugares públicos en esta ciudad: las plazas Barberini y San Lorenzo in Lucina, los alrededores del Coliseo, el Parque de la Música, el Museo Romano y el Palacio Altemps.

Sin embargo, este costarricense de 54 años, que vive desde hace 30 en Italia, cerca de las canteras de Carrara donde tiene su atelier, no se limita a las fronteras de una ciudad. Va más allá con su “Ruta de la Paz”, un enorme proyecto que prevé la realización de nueve complejos escultóricos de grandes dimensiones que atravesarán el continente americano desde Canadá hasta Tierra del Fuego: “En diversas localidades de Estados Unidos, México, Costa Rica, Colombia, Perú y Chile, se creará un hilo conductor que unirá pueblos y leyendas, mitos y tradiciones, vida y símbolos”, dijo el escultor a Planeta Latinoamérica.

Desde el 23 de junio en el Palacio de las Exposiciones de Roma se podrán admirar, en formato reducido, tanto el proyecto arquitectónico como las esculturas y otras obras monumentales de la “Ruta de la Paz”: “El origen del proyecto parte de las esferas precolombinas de piedra elaboradas por los antepasados de los Borucas, una civilización que se desarrolló hace más de 2000 años en la península de Osa de Costa Rica cuya simbología, ligada a la esfera, describe la transmutación de la materia y del Ser en la búsqueda del Sí mismo”, explica.

Estos dos elementos indican una concepción unitaria y global de la existencia y el universo, enfatizan valores ancestrales presentes en el hombre y evidencian una constante en todo el continente americano de la época pre-hispana, concluye.

En Canadá el proyecto prevé una elaboración de los tótems, especifica Deredia, “presentes con fuerza en las culturas aborígenes de la zona, mientras en Estados Unidos se desarrollará el concepto de la rueda de la medicina, presente en todos los pueblos indígenas desde Arizona hasta Canadá”.

En Ciudad de México el proyecto partirá del Popol-Vuh y del mito de la creación del mundo, a través del juego de pelota”, un deporte ritual practicado por los pueblos phispánicos de Mesoamérica, explica el escultor.

En Yucatán el motivo de inspiración son los dos calendarios, el Xolxín y el Haab. En Costa Rica las esculturas surgen de la simbología de la población boruca, representada en esferas de piedra, mientras en Colombia se inspiran en el mito de los lagos y de El Dorado, presentes en la cultura Muisca”, añade.

En Perú en cambio, “la escultura se basa en la Cruz Andina y en toda su simbología; en Chile en la cultura mapuche y el Kultrún mientras en Argentina se realizará una re-elaboración del concepto de la esfera. Como es el último de los proyectos pensamos que deba servir para una meditación profunda sobre el elemento circular”, concluye el escultor.

En 1999, el Vaticano le otorgó a Deredia el premio "Beato Angélico" como reconocimiento a la calidad espiritual manifestada a través de sus obras. A raíz de esta distinción la Fábrica de San Pedro, le encargó la estatua de San Marcelino Champagnat, un francés canonizado en 1999. La escultura, en mármol blanco de Carrara de 20 toneladas de peso y 5,35 metros de altura se encuentra en un nicho, al lado izquierdo de la Basílica de San Pedro. Fue inaugurada el 20 de setiembre del 2000, ante la presencia del Papa Juan Pablo II. Con esta escultura Deredia logró otro record: es el primer artista no europeo cuyas obras se encuentran en la Basílica de San Pedro.